Conexión con la Antártid


Los alumnos del IES Camilo José Cela mantienen una videoconferencia con los científicos de la Antártida


Panorámica de la base gabriel de Castilla
El pasado miércoles 25 de enero, un grupo de alumnos de 1º de ESO y de 2º de Bachillerato del IES Camilo José Cela tuvo la oportunidad de mantener una comunicación en directo mediante videoconferencia  con la base española científico-militar Gabriel de Castilla en la Antártida, ubicada concretamente en el mar de Bransfield, en la isla Decepción.
Un grupo de científicos y militares de la base Gabriel de Castilla en el comedor después de una larga misión rutinaria
          

En la base conviven 15 científicos de diferentes especialidades y un grupo de otros quince militares. La base cuenta además con personal de apoyo. Unos días antes, don Antonio Barragán había estado en el centro dando una charla informativa sobre el continente helado y las misiones científicas que allí desarrollan su trabajo.
Victoria Rodríguez y alumnos del instituto durante la videoconferencia
La videoconferencia, que se inició a las 12’30 horas,  tres horas y cuarenta y cinco minutos  menos en la Antártica,  se prolongó  a lo largo de hora y media. El comandante Casado y sus acompañantes, entre los que se encontraban el capitán  Javier Barba y tres científicos del equipo —un vulcanólogo, un oceanógrafo y un investigador del impacto humano en aquel ecosistema— hablaron sobre asuntos interesantes y curiosos: el trabajo realizado allí por los residentes de la base, la actividad volcánica o el impacto medioambiental del turismo en el continente helado.  Victoria Rodríguez, profesora de Ciencias Naturales, hizo una breve presentación de nuestro instituto. A continuación,  los alumnos tuvimos ocasión de plantear preguntas sobre asuntos muy diversos: la fauna marina, la temperatura, la capa de ozono, la misión del personal, etc. Fue una experiencia extraordinaria e inolvidable para todos.

                   (Han elaborado la noticia Yuri Tanimura, Isabel Parra, Violeta Mangas, Andrés Fernández, Candela Rodríguez, Alejandro Barragán y Mario Barrios, alumnos de 1º ESO A)

¿Así son los jóvenes de Pozuelo?


            El 6 de septiembre de 2009, la juventud de Pozuelo quedó macada por un acontecimiento que acaparó la atención de  todos los medios de comunicación.
Todos recordamos los titulares que a lo largo de varios días ocuparon las portadas de los periódicos: Revuelta callejera/ batalla campal/ botellón ilegal en Pozuelo de Alarcón. Los ciudadanos y vecinos del municipio quedaron asombrados de aquellos actos vandálicos que empañaron la imagen de uno de los municipios más ricos de España. Pero, ¿es realmente esa la imagen de todos los jóvenes pijoleros/ pozueleros?

Ser joven en Pozuelo

            Actualmente la juventud de Pozuelo de Alarcón podría calificarse como totalmente heterogénea: existe tal diversidad de culturas urbanas dentro del municipio que resultaría difícil enmarcar dentro de un mismo perfil a todos y cada uno de los jóvenes.
            Debido a esto es difícil encontrar una actividad o conjunto de actividades que resulten atractivas para todos, pero la pregunta que nos debemos hacer inicialmente es si hay actividades  en el municipio que atraigan la atención de, aunque sea, una parte de la juventud; si el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón promueve actividades para los jóvenes
            Si salimos a la calle un fin de semana de buen tiempo, será fácil encontrar a decenas de jóvenes sentados en parques, hablando y viendo las horas pasar, y es que esa es la principal diversión del sector más joven. Pero, ¿es eso verdaderamente divertido para ellos? Sinceramente, los jóvenes del municipio viven obligados a pasar sus tardes en el parque porque, según dicen, no existen actividades ni centros recreativos o comerciales a los que ir dentro de Pozuelo. Sería interesante que el Ayuntamiento, potenciara las actividades entre los jóvenes, que movilizara a los adolescentes, que creara centros a los cuales nuestros jóvenes puedieran ir a pasar las tardes. Sitios como por ejemplo cines, zonas habilitadas al patinaje, salas que pudieran ser alquiladas para actividades de danza, ensayos musicales.
            Otra opción para entretener a nuestros chavales en sus ratos ociosos sería la opción de concertar convocatorias de jóvenes en los maravillosos parques, reuniones multitudinarias en las cuales además de poder estar al aire libre como es habitual, ellos pudiesen tomarse sus refrescos mientras en un escenario suena la música de grupos formados por los propios jóvenes, o mientras otros grupos representan sus coreografías en escenarios habilitados.
            Y es que lo que verdaderamente necesitan los jóvenes son actividades que les inciten a movilizarse y a saber que hay algo más allá de los parques.
Mª Belén Rojo




Literatura que se actualiza


Pasando por la estación de autobuses de Moncloa y sintiendo un impulso de sed consumista, me decidí a comprarme una coca-cola. Cunado me encontraba frente a la máquina expendedora contemplé perpleja que junto a ella había otra distinta, pero no de bebidas o chocolatinas, sino de libros. Igual que alguien sediento, en este caso de lectura, podría haberme  comprado el último best-seller de Ken Follet. Pero ¿es esto realmente literatura o es sólo otra excusa más para vender? ¿Podemos estar al día de todos los libros que están en boga con tantos superventas llenando nuestras estanterías?
Hoy en día es casi imposible no dejarse llevar por el bombardeo publicitario que sufrimos constantemente en la televisión, en el metro o paseando por la calle. Tanto es así, que hasta nos sucede con el arte.
La mayoría de la literatura que se escribe en la actualidad basa su éxito en una fuerte campaña publicitaria por parte de las editoriales para adquirir el último ejemplar más vendido y conseguir que nos sumerjamos en sus páginas de manera que antes de que terminemos la novela, ya nos estén incitando a comprar su continuación u otro ejemplar que nada tenga que ver con lo ya leído.
Esto puede tener sus ventajas e inconvenientes: Las novelas actuales no tienen una temática concreta sino una historia rápida llena de acción y cambios radicales de forma que, aunque no nos haga reflexionar ni recapacitar sobre los hechos del argumento, si nos provea el entretenimiento suficiente como para seguir leyendo. Sin embargo, todas estas novelas no tienen esta repercusión a largo plazo. Así ha ocurrido con El Código Da Vinci, que hace cinco años batía récords de ventas en las librerías y podíamos observar cómo en todas las paradas de autobús o en el tren, la población lectora devoraba sus páginas. Pasado el tiempo, la mayoría de la gente tiene un ejemplar en sus casas que sólo recuerdan cuando algún conocido menciona la película y ellos pueden responder: “La película estuvo bien, pero me gustó más el libro”.
Estamos colapsados de literatura. Apenas tenemos tiempo de comentar lo que nos pareció El Niño con el Pijama de Rayas porque la saga de Steig Larson ya debería estar en nuestras estanterías. Así se nos empiezan a acumular las novelas en la mesilla de noche. El mundo globalizado pretende que llevemos un ritmo de lecturas casi imposible de seguir, que nos impide disfrutar sosegadamente de un buen libro.
Todas estas obras mediáticas nacen con los días contados, en cambio las grandes genialidades siempre perdurarán aunque hayan sido escritas hace muchos años. Es el caso de los cuentos de Chéjov, de Un Mundo Feliz, de 1984 o de El Guardián entre el Centeno. Lo mismo ocurre con algunas obras de teatro, como Luces de Bohema, La Cantante Calva o Esperando a Godot. Ninguna de ellas pasará de moda, porque están escritas de forma que pase el tiempo que pase, el que las lea seguirá emocionándose, las disfrutará y recapacitará sobre ellas. Esto se debe a que no siguen el curso establecido por las modas, pues tienen un aire original (cada una en su época) e introspectivo que se sale fuera de lo mediático, además de la genialidad de su técnica y de que el tiempo parece no pasar por ellas.
Y así es cómo sólo unos pocos autores pueden presumir de dar vida a obras inmortales. Pero, aunque me duela admitirlo, esta noche no empeceré ninguna novela de Miguel Delibes, sino que seguramente terminaré La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón.
Lucía Sánchez-Serrano

Conferencia de Rosa Navarro


Rosa Navarro
            El pasado día 2 de febrero recibimos en nuestro instituto a Rosa Navarro, catedrática de Filología Hispánica de la Universidad de Barcelona, especialista en literatura española de los siglos de oro.  La autoría de El Lazarillo de Tormes  ha sido desde el año 2000 el centro de interés de sus investigaciones. En 2003 publicó Alfonso de Valdés, autor de El Lazarillo de Tormes (Madrid, Gredos), lo que supuso todo un desafío para la institución literaria, cuyo sector hegemónico se muestra poco dispuesto a alterar el cauce por el que fluye la historia de nuestra literatura desde hace siglos.

            Pregunta: ¿Qué impresión general le han causado los alumnos del instituto Camilo José Cela? ¿Se sintió a gusto en su compañía?

            Rosa Navarro: Fueron para mí el mejor público posible. No todos pudieron sentarse cómodamente porque la sala era pequeña, y ellos eran muchos; y, a pesar de esto, me escucharon con muchísima atención, contestaron con acierto y agudeza las preguntas que les iba haciendo y mostraron así que seguían perfectamente mi explicación. Incluso puedo decir que ellos, guiados por mí, construyeron sin dificultad la cadena de deducciones que he ido haciendo yo con el tiempo. Me sentí tan a gusto con ellos que no me di cuenta del paso del tiempo, del esfuerzo de estar hablando, de nada. Fue un auténtico placer compartir ese rato con ellos.

            P ¿Cuál fue el motivo que la llevó a investigar la autoría de El Lazarillo?

            R N: Como les dije a ellos, todo empezó por azar: me di cuenta de una anomalía en la transmisión del texto y empecé a formular una hipótesis. Esta me llevó a otra, a otra... y así hasta toparme con el autor de la obra. Resultó que descubrí que era ¡Alfonso de Valdés!, uno de los escritores que yo conocía muy bien porque había editado sus dos obras anteriores: el Diálogo de las cosas acaecidas en Roma y el Diálogo de Mercurio y Carón (mis ediciones fueron publicadas en 1992 y 1999 en editorial Cátedra). Cuando me di cuenta (por azar y por mis conocimientos adquiridos con muchas lecturas) de que el último párrafo del prólogo  no formaba parte de él, sino que era ya el comienzo de la obra, fue en agosto de 2001. Como cualquier investigador, empecé a formar una cadena lógica de deducciones a partir de un hecho (corroborado por una anomalía manifiesta en las dos ediciones de 1554 que se consideran más cercanas a la primera edición, perdida), e inevitablemente todo ello me llevó al autor. Alfonso de Valdés, secretario de cartas latinas de Carlos V, conquense, de origen judío, se carteaba con Erasmo y era el principal defensor de su pensamiento: la necesidad de reformar el comportamiento de los miembros viciosos de la Iglesia, la crítica a unas prácticas religiosas externas vacías de contenido. Todo ello está en el texto del Lazarillo, que no es una novela inocente sobre la vida de un pobre niño pícaro, porque ni es pícaro, ni es su vida el centro del relato; sino que lo es el comportamiento vicioso de sus amos (cinco de los cuales pertenecen a la Iglesia). Y la novela, prohibida por la Inquisición, es una sátira muy aguda contra ellos, contra el cruel ciego rezador que no cree en las oraciones de las que vive, contra el mezquino clérigo de Maqueda que mata de hambre al pobre Lázaro, contra el buldero que, para conseguir dinero vendiendo bulas, finge un milagro; contra el fraile de la Merced, que abusa del muchacho Lázaro; contra el capellán que explota a Lázaro como aguador y le exige que le dé todos los días treinta monedas (como Judas, vende al pobre, que es imagen de Cristo), contra el arcipreste de San Salvador, un cura amancebado que lo ha casado con su manceba para disimular. Solo su amo el escudero no pertenece a la Iglesia, sino que es un cortesano, pero sin trabajo, vanidoso, hipócrita (finge lo que no tiene), pero que no es mala persona y trata bien a Lázaro; él le tiene lástima e incluso mendiga para que puedan comer los dos (¡cómo va a ser un pícaro ese pobre muchacho!).

Rosa Navarro durante su intervención en la biblioteca del centro
         P: Para plantear su hipótesis sobre la autoría, ¿partió de una intuición o de trabajos anteriores?

        R N: La intuición fue la chispa inicial de todo: el decirme a mí misma que ese párrafo estaba mal puesto, que en él hablaba ya Lázaro a "Vuestra Merced" y no el autor a sus lectores. Lo demás es trabajo, puro trabajo; ante un hecho extraño, hay que formular una hipótesis e intentar corroborarla. Y luego seguir deduciendo nuevos hechos. La autoría, que es lo que le interesa a todo el mundo, es solo el final del camino; a mí me parece esencial la lectura adecuada del contenido del texto, la forma que tiene: una declaración de Lázaro, a quien le han pedido que cuente lo que sabe del "caso" porque él es vecino del arcipreste y está casado con su criada. Y quien manda que se haga una información es una dama que se confiesa con el arcipreste y a la que han llegado los rumores de que es un clérigo amancebado; le interesa muchísimo saber si
es verdad, porque, si así fuera, peligrarían los secretos de su confesión. Darme cuenta de que el autor era Alfonso de Valdés y poder empezar a investigar en ese sentido solo fue posible por mi conocimiento profundo de la obra del escritor. Solo así me di cuenta de que los temas tratados eran los mismos, de que utilizaba expresiones semejantes, de que su posición ante la Iglesia era la misma. Sus dos Diálogos no fueron publicados en España, sino en Italia, y aparecieron también anónimos. Solo en el siglo XIX se le devolvió la autoría del primero, y hasta 1925 no se le devolvió la del segundo. Estoy segura de que, si no llevara a mis espaldas años y años de trabajo como filóloga, no podría haber "visto" nada.

            P. ¿Qué rasgos de la escritura de Alfonso de Valdés revelan la autoría de El Lazarillo?

            R  N: Los asuntos tratados en sus dos Diálogos y en el Lazarillo son los mismos: la falta de caridad de muchos miembros de la Iglesia, necesitada de reforma; la avaricia, la lujuria, la hipocresía de muchos clérigos de esa primera mitad del XVI. El género literario de los dos Diálogos es distinto al de ese monólogo de un personaje analfabeto como es Lázaro, y, por tanto, el estilo es forzosamente diferente. Pero en mi página web (www.elazarillo.net) tengo colgada una lista de "concordancias", y hay palabras y palabras repetidas en sus tres obras. Sin embargo, el argumento que yo considero más sólido es la prueba que aporto de que la persona que escribió los dos Diálogos había leído un montón de libros (y algunos muy raros) que también había leído el autor del Lazarillo; es decir, que es el mismo lector y, por tanto, la misma persona. Las lecturas afloran en detalles de los tres textos, ¡las mismas lecturas!

            P: ¿Hay pruebas documentales de esta atribución?

            R N: Si existiera un documento, ya no sería una atribución, sino una verdad probada. Y la ciencia no avanza con documentos, sino con deducciones sólidas. Pero puedo añadir que no hay documento alguno que pruebe que su hermano Juan de Valdés fue el autor del Diálogo de la lengua (y así es), y nadie lo pone en duda. Yo he aportado muchísimas más pruebas (léxicas, históricas, literarias, ideológicas) que las que hay para probar otras autorías que no se cuestionan. Bien es cierto que La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades es una obra capital (por eso hablo yo de que he pescado una ballena); pero no hay más que unir las tres primeras letras del título (leídas al revés, como leen los hebreos) a las tres últimas, y aparece el
apellido del escritor: LA V / DES: Valdés. Por ello la obra se llama "La vida" y no solo "Vida de ...", que era lo común. Y podéis hacer la prueba con los títulos que queráis y no sale nada, ¿por qué precisamente en este sale el apellido del escritor que yo he probado con montones de pruebas que es el autor? Y puedo decir que me di cuenta de esa clave muchísimo después, y además anduve buscando por todas partes alguna pista que hubiera dejado el escritor de su identidad (en la forma en que la dejó Fernando de Rojas en La Celestina, obra que había leído muy bien Alfonso de Valdés), ¡y la encontré en el propio título!

Alumn@s de 1º de Bachillerato durante la conferencia
            P: ¿Qué supondría para usted ver reconocido un trabajo de investigación de tantos años?

            R N: Sé que es imposible que esto suceda, y desear lo imposible crea infelicidad. Y por ello no quiero ni imaginármelo porque vivir la vida es maravilloso y hay que luchar sobre todo por la felicidad propia y la de los demás. Bien es cierto que cuando encuentro a alguna persona –¡son pocas, pero existen: entre ellas, dos profesores vuestros!– que me dicen que les he convencido y que es así, como yo demuestro, la sensación de alegría que vivo entonces es hondísima. Yo tengo que seguir investigando y encontrar nuevos detalles que se vayan acumulando, y sé que años después de mi desaparición, habrá personas sin prejuicios que leerán lo que yo voy dejando escrito (he publicado ya mucho y sigo en ello) y verán que tengo razón: que Alfonso de Valdés, un humanista, un prosista excepcional escribió una de las obras capitales de la literatura
universal. Eso es lo que me interesa: que se reconozca su valía y que figure él en la historia de la literatura española por lo que escribió, por ser el autor del Lazarillo. Ya he conseguido que el centro de la UNED en Cuenca lleve su nombre, y así sus compatriotas empiezan a darse cuenta de la inmensa valía de ese gran humanista, que el propio Erasmo reconocía; que fue mano derecha del canciller del Emperador, Mercurino Gattinara, y persona de confianza del propio Emperador, que tal vez pensó incluso en nombrarle a él canciller (como apunta su hermano). Pero la peste segó su vida en Viena. Nos dejó esa maravilla que es el Lazarillo, y hay que dar a cada uno lo suyo. Tener una pasión en la vida es esencial, y luchar por ella: investigar es apasionante.


Haití: camino de la reconstrucción



            El movimiento sísmico que se produjo en enero de 2010 en Haití, de 7 grados en la escala de Richter, dejó tras de sí aproximadamente 223000 fallecidos y miles de heridos, e incontables daños materiales. Un país ya anteriormente muy vulnerable debido a la pobreza y el hambre, quedó devastado por efecto de este fenómeno.
            Procedente de todas partes del mundo, no tardó en llegar ayuda humanitaria, que, aun lejos de ser suficiente, supuso un importante refuerzo. Pero tras el terremoto, el pánico volvió a apoderarse de Haití, debido al brote de cólera que comenzó en la tercera semana de octubre de 2010 en Puerto Príncipe, y que desde entonces no ha dejado de extenderse. Las pésimas condiciones de alimentación, higiene y sanidad han contribuido a la extensión de la epidemia, que ha provocado ya más de 4737 muertes. Debido a la escasez de medios con que cuenta el país a pesar de la ayuda de las ONGs, muchos de los enfermos no han podido recibir una mínima asistencia médica.
            Los gobiernos de algunos países como Francia o Inglaterra propusieron un paquete de medidas que incluían la cancelación de su deuda, la agilización de adopciones de niños haitianos o la liberación de terrenos por parte del gobierno para hacer posible la reconstrucción del país. Las tres prioridades actuales son la rehabilitación de las infraestructuras, la salud y la educación. En la actualidad hay 810000 personas viviendo en campos de refugiados, y el acceso a una vivienda adecuada, al agua y la alimentación, la educación y la sanidad sigue siendo insuficiente. El regreso de los desplazados a sus barrios depende de su rehabilitación, oferta de servicios básicos, saneamiento, escuelas y creación de empleos.
            La ONU asegura que lo primordial es agilizar los esfuerzos de reconstrucción para garantizar el regreso de los desplazados. Debido a la epidemia de cólera, gran parte de los recursos económicos destinados a la reconstrucción se han desviado a la atención de los enfermos. La crisis post electoral también ha tenido su impacto en la recuperación del país.
            El resurgimiento del país supone un importante desafío para las ONGs y organismos de ayuda internacional, ya que a pesar de las mejoras que se han conseguido, la situación del país sigue siendo catastrófica.

Cristina Salvador Pérez y Ioana Andrea Prihoi

En busca de la eterna juventud

         Una de las características principales de la racionalidad humana es la consciencia de la propia muerte, idea que suscita incertidumbre y temor. Así como buscar una explicación de la realidad, el ser humano siempre ha intentado influir en el mundo que lo rodea en su propio beneficio. De esta forma, surge la intención de combatir el envejecimiento y huir de la muerte. Dada la imposibilidad de luchar directamente contra el paso del tiempo, el ser humano  ha hallado consuelo en diversas creencias de carácter mágico-religioso, ejemplo de las cuales es la alquimia, que entre otros objetivos como hallar la piedra filosofal que convertía los metales en oro pretendía encontrar el remedio contra el envejecimiento, hallándolo en el mito de la fuente de la eterna juventud. Otro de los caminos que siguió y sigue la humanidad para enmascarar el paso de los años en el cuerpo es la cosmética, desde el empleo de pigmentos naturales característico de cultura primitivas hasta las más modernas cremas que afectan a la estructura de las fibras del tejido epitelial, así como la cirugía estética. No obstante, el problema del envejecimiento no quedaba resuelto con ninguno de los dos métodos mencionados, por lo que, con el desarrollo de la ciencia, ésta pasó a ocupar el papel de la alquimia y la cosmética en lo que a buscar una forma de prolongar la vida se refiere.

Un descubrimiento que supuso el comienzo de la comprensión del envejecimiento fue el de una enzima, la telomerasa, por parte de Elizabeth Blackburn, de la University of California, San Francisco, que fue galardonada con el premio Nobel de Medicina en 2009. Este hallazgo abrió las puertas a numerosas investigaciones llevadas a cabo hoy en día con el fin de comprender y aplicar el efecto de dicha ribonucleoproteína durante el período de senescencia.

En el núcleo de las células eucariotas se encuentra la información genética responsable del control de las actividades necesarias para la vida. Dicha información se encuentra codificada en cadenas de ácido desoxirribonucleico (ADN), que durante determinadas fases del ciclo celular y para posibilitar la división equitativa del material genético adoptan la conformación de cromosomas. En sus extremos se encuentra una constricción que da lugar a una estructura llamada telómero (del griego “telos”, final, y “meros”, parte) cuya función es evitar que los cromosomas se fundan unos con otros y pierdan su forma, de igual modo que el capuchón de un cordón evita que se deshilache.  Un proceso importante en el ciclo celular es la duplicación de ADN, necesaria para que, tras la mitosis o división del núcleo y consiguiente reparto del material genético, la dotación genética se mantenga estable cuantitativamente. En dicho proceso actúa una enzima llamada ADN polimerasa, la cual además provoca la pérdida de un pequeño fragmento del telómero, de tal forma que tras un número determinado de divisiones celulares los cromosomas pierden los telómeros y, como consecuencia, la célula muere. Esa pérdida sucesiva de fragmentos del telómero, que forma parte del desarrollo normal de las células, se traduce en el envejecimiento celular, tisular y, por consiguiente, del organismo hasta su muerte. No obstante, existe otra enzima denominada telomerasa que interviene en la creación de nuevos fragmentos de ADN que se incorporan al telómero y evitan su acortamiento. Sin embargo, a pesar de controlar el envejecimiento celular, la telomerasa actúa favoreciendo la división de células cancerígenas cuyo ADN presenta alguna mutación perjudicial originando un tumor.

Observando las cualidades de la enzima telomerasa, en 2010 el Instituto sobre el Cáncer Dana-Faber de Estados Unidos Ronald A. Depinho dirigió un experimento fundamentado en una modificación del gen de la telomerasa para comprobar el papel de la enzima en el envejecimiento. Esta prueba se llevó a cabo en ratones con el siguiente efecto: al desactivar el gen y reducir la cantidad de telomerasa, los ratones envejecían con mayor rapidez; al reactivarlo, se esperaba que el proceso se detuviera pero se descubrió experimentalmente que no sólo se detenía sino que se revertía. De hecho, se observó un rejuvenecimiento del cerebro, que recuperaba sus capacidades perdidas, e incluso una recuperación de la fertilidad de los individuos. No obstante, una mayor concentración de telomerasa favorece el desarrollo de células cancerígenas, y para disminuir dicho riesgo se han llevado a cabo estudios sobre un gen llamado P53.

El gen P53 está relacionado con el mecanismo natural de apoptosis o suicidio celular y su actividad insuficiente causada por ejemplo por la presencia en él de una mutación provoca, en las células en las que no se expresa, una proliferación descontrolada, puesto que no se cumple con la muerte programada. Sin embargo, la proteína para la que codifica el gen es capaz de identificar mutaciones en el ADN y activar, en consecuencia, el proceso de suicidio celular para evitar su reproducción, por lo que puede resultar de gran utilidad en el tratamiento contra el cáncer, aunque un exceso de proteína P53 da lugar a una mayor tasa de apoptosis y, por consiguiente, un envejecimiento prematuro que contrastaría con los efectos de la telomerasa.

Los tratamientos que aumentan los niveles de proteína P53 resultan, por lo tanto, arriesgados, aunque existe otros genes llamados SIRT1 que producen unas proteínas reguladoras denominadas sirtuinas, las cuales, por una parte, afectan a la actividad de la proteína P53 haciendo que tolere un mayor grado de mutaciones y, por otra, activan mecanismos de reparación de los errores en el genoma. Estos genes se estimulan mediante la restricción calórica y una biomolécula que se conoce como resveratrol y está presente en las nueces, la piel de las uvas y el vino tinto. Las sirtuinas no sólo prolongan la vida sino que mejoran el estado de salud, por ejemplo, fomentando la supervivencia celular e intensificando la reparación del ADN. Gracias a los estudios llevados a cabo por David Sinclair de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard publicados en la revista Nature se conocen la estructura y efectos del resveratrol, que pertenece a la familia de los polifenoles (moléculas que presentan anillos aromáticos con grupos hidroxilo) y, como revelan los experimentos llevados a cabo, alargan la vida de levaduras y células humanas cultivadas en laboratorio.

Tal vez la fórmula buscada durante toda la historia de la humanidad para alcanzar la eterna juventud pase por una cuidadosa combinación de los agentes reguladores del envejecimiento como los ya mencionados (telomerasa, proteína P53 y sirtuinas), de tal manera que los perjuicios de cada uno sean anulados por los otros y sus beneficios se sumen en aras de conseguir un aumento de la longevidad así como una mejora del estado de salud. No obstante, todo avance científico de relevancia conlleva una controversia ético-moral, y este caso no sería menos. La comunidad científica debe, por tanto, plantearse si realmente es beneficioso un incremento en la esperanza de vida y, en caso afirmativo, qué factores deben cambiar para que sus efectos sean positivos. En otras palabras, de tener sentido, este avance sólo lo tendría si supusiera cuanto menos una calidad de vida que no fuera peor a la actual.



        

Algunas observaciones sobre nuestro sistema educativo



            El informe ‘Educación para todos’ de la UNESCO coloca a España a escala mundial en el puesto vigésimo sexto atendiendo al Índice de Desarrollo en Educación (IDE). Este criterio de orden está compuesto por factores como el acceso a la educación primaria, el nivel de alfabetización de adultos, la integración de la mujer en la enseñanza o la permanencia de los alumnos en los centros educativos. A la cabeza de esta lista se encuentra Noruega perseguida por el Reino Unido en le puesto número trece o Bélgica en el número ocho. Otro estudio que se realiza a escala nacional, el informe PISA, mide la calidad de la enseñanza española reflejada en los alumnos de quince años que cursan tercero de la ESO a través de su nivel de lectura, su destreza matemática, entre otras capacidades, y que comparados con los demás países de la UE sitúan a España como el país 35 entre 57 de los evaluados. Estos resultados obtenidos en diversas pruebas medidoras de la calidad educativa de los institutos y colegios españoles no se pueden interpretar nada más que como un verdadero fracaso del sistema educacional de España. Esta situación reflejada mediante dichos resultados ha creado un debate crítico en busca de su causa. Las preguntas que acometen continuamente a la educación son, por ejemplo, cuál es la verdadera diferencia entre el método educativo español y el de los países que en estos informes quedan por encima de España o cuáles son las medidas que fomentarían la mejora de las capacidades de los alumnos españoles. Para encontrar una respuesta útil a tal conflicto, un buen camino sería hacer un gran análisis de los sistemas educativos europeos. Esta ambiciosa tarea conlleva una enorme dificultad y sería prácticamente imposible abarcar todas las características de otros sistemas educativos a nivel del detalle. Por lo que, este análisis se podría llevar a cabo gracias a las experiencias de gente que conociendo la educación española al estar en contacto con ella y trabajando como parte de ella, han salido al extranjero a visualizar otras formas de enseñanza que a través de sus ojos eran comparadas con la propia y han formado una opinión al respecto que se acercaría mucho a la solución que se busca actualmente en la educación.

            Carmen Echevarría, exprofesora del instituto Camilo José Cela, fue la precursora de un proyecto que aunque menos conocido que las becas Erasmus, en esencia  guarda muchas similitudes con este último y permite a alumnos de secundaria y bachillerato familiarizarse con el ámbito europeo conociendo a muchas y diversas culturas, es el denominado proyecto Comenius. Las bases de este proyecto fueron la colaboración de varios países – en este caso: Suecia, Bélgica, Alemania y Turquía -  para profundizar en un tema actual que presente algún tipo de relevancia, en este caso las Energías Renovables y el Medio Ambiente, y acabar concienciando a los participantes de la importancia de dicho tema. Sin embargo, la finalidad que subyace tras esta gran excusa es el conocimiento de otras culturas en aras de que los alumnos y los profesores, por supuesto, interaccionen con otros profesionales y estudiantes que presentan diferentes maneras de observar la realidad, por lo que la verdadera intención de este proyecto es la comunicación intercultural. Gracias a proyectos como este se pueden observar las diferencias personales y académicas causadas por un sistema educativo u otro, por tanto, la opinión de esta ex-profesora tendría mucho que ver con el giro que debería tomar España para alcanzar a estos países que a nivel de desarrollo educativo se encuentran en una posición bastante superior. A través de esta experiencia y sus viajes a otros países como Inglaterra, Carmen Echevarria ofrece su opinión alegando que los profesores en España no reciben una buena formación de carácter práctico y que en muchas ocasiones la experiencia es la que dicta las decisiones que son tan importantes para los alumnos tomadas por los profesores, por tanto, no se establece un criterio objetivo de comportamiento de los profesores y estos deciden de manera subjetiva, que no siempre es la correcta, su manera de enseñar. Este problema que subsanaría probablemente la mayor parte del fracaso escolar se podría solventar creando una institución de formación de profesorado como la existente en Inglaterra, de tal manera que se otorgara unas capacidades prácticas a los profesores para que pudieran realizar su trabajo de una manera más efectiva.

            Por otra parte, Ana Isabel Sánchez, profesora durante este curso académico del  instituto, se embarcó en el proyecto, lo que le permitió pasar dos años en Chicago (EEUU) y empaparse así tanto de la cultura estadounidense  como de su educación. Las diferencias que encontró más representativas entre estas dos tan diferentes maneras de actuar fueron entre otras las mentalidades del profesorado y del alumnado con respecto a la educación que se les estaba ofreciendo, por ejemplo, los programas de aprendizaje de idiomas dirigidos hacia padres extranjeros eran llevados a cabo por el propio colegio y de esa manera hacían que el contacto entre padres y profesores fuera más cercano, también le resultó chocante la mentalidad respetuosa de los alumnos y los padres hacia la figura del profesor, a esto añadió la gran cooperación llevada a cabo entre los propios profesores del instituto ofreciéndose entre ellos ideas que pensaban que mejorarían las clases y, por consiguiente, la enseñanza a los alumnos.

            Por todo esto, sería necesario un gran cambio en la educación actual de España que fuera capaz  de disipar los fallos cometidos en la educación tanto de profesores, como de alumnos y de padres, y aunar las posibles mejoras, que podrían derivar de un estudio más profundo de las diferencias encontradas útiles en otros sistemas educativos como las nombradas en este artículo, para crear un nuevo organismo educativo que dejara atrás los malos resultados que se observan en la vida académica actual de los estudiantes españoles.